El enoturismo en Chile ha dejado de ser un nicho especializado para convertirse en un motor estratégico del turismo nacional. En la última década, el sector ha experimentado un crecimiento explosivo, consolidando al país como un referente mundial en turismo del vino y generando beneficios tangibles en empleo, desarrollo territorial y posicionamiento de marca.

Cifras que reflejan un boom sostenido

Los datos del último Catastro Nacional de Enoturismo 2024 son contundentes: el número de viñas abiertas al turismo pasó de 85 en 2016 a 219 en 2024, lo que representa un crecimiento del 158% en ocho años. Si se compara con 2013, cuando existían 78 bodegas con oferta enoturística, el incremento alcanza un 180,8%.

Este dinamismo se explica por la irrupción de nuevas propuestas: el 66% de las viñas que ofrecen experiencias turísticas tienen menos de diez años de antigüedad, y el 39% inició sus operaciones en los últimos cinco años. Se trata de un tejido empresarial predominantemente micro y pequeño: el 43% son microempresas y el 24% pequeñas empresas, mientras que las grandes viñas representan solo el 10%.

Impacto económico y territorial

El enoturismo no solo atrae visitantes: genera divisas y dinamiza economías locales. Según estimaciones de Enoturismo Chile, las ventas agregadas del sector —considerando venta en bodega y tickets— alcanzan los $45 mil millones anuales.

Para las viñas, especialmente las pequeñas y medianas, vender directamente al turista resulta significativamente más rentable que la exportación masiva. En el Valle del Biobío, por ejemplo, algunas viñas reportan que el turismo enológico ya representa el 25% de sus ventas, con expectativas de alcanzar el 50% en los próximos años.

La asociatividad también ha crecido notablemente: desde 2016, la cantidad de viñas que participan en rutas del vino y gremios vitivinícolas ha aumentado un 160%, fortaleciendo la colaboración y la promoción conjunta de los territorios.

El interés por el enoturismo se ha diversificado. Actualmente, el 59% de los visitantes a viñas corresponde a turistas nacionales, reflejando un creciente interés interno por descubrir los territorios vitivinícolas. En 2024, la demanda total estimada superó el millón de visitantes.

En el plano internacional, la recuperación post-pandemia ha sido notable. Brasil lidera la llegada de turistas a viñas (52,2%), seguido por Argentina (19,8%) y Estados Unidos (12,8%). La plataforma Airbnb reportó un aumento superior al 60% en las búsquedas de alojamientos vinculados a vendimias para la temporada 2025.

Innovación, sostenibilidad y experiencia

El crecimiento del sector ha ido de la mano con una sofisticación de la oferta. Más del 70% de las viñas han integrado experiencias gastronómicas a su propuesta, y 90 bodegas cuentan con certificaciones de sustentabilidad.

Las experiencias han evolucionado desde la simple cata hacia propuestas inmersivas: tours privados, maridajes, picnics en viñedos, atardeceres, talleres “arma tu propio vino” y recorridos personalizados con enólogos. El ticket promedio ha pasado de 18.000en2017a43.042 por persona en 2024, reflejando una mayor valoración de la experiencia.

Expansión territorial: nuevos polos enoturísticos

Si bien valles tradicionales como Colchagua, Casablanca y Maipo siguen siendo referentes, nuevas regiones están irrumpiendo con fuerza. El Valle del Biobío es un caso paradigmático: pasó de 8 a 25 viñas abiertas al turismo en solo dos años y fue reconocido por la Organización Mundial de Enoturismo (OMET) por su modelo de integración territorial. O’Higgins, Maule, Ñuble y la Araucanía también muestran un crecimiento sostenido.

Desafíos y proyecciones

Claudio Cilveti, presidente de Enoturismo Chile, destaca que “la última década ha sido la de la consolidación técnica y la madurez de una visión común. El sector dejó de ser un esfuerzo aislado para convertirse en un área de gestión relevante que hoy convive de igual a igual con el área productiva”.

El principal desafío, según los actores del sector, es la formación de capital humano especializado para atender una demanda creciente y cada vez más exigente. La sostenibilidad, la digitalización y la personalización de experiencias se perfilan como las claves para los próximos años.

“Chile tiene un embajador oficial en el mundo: el vino. Somos el cuarto exportador global y el primero de Latinoamérica. El enoturismo es la puerta de entrada para que el mundo conozca nuestros territorios, nuestra cultura y nuestra gente”, señaló la Subsecretaria de Turismo, Verónica Pardo.